Mentalismo político.
Elisa Carrió volvió con su remanido mentalismo político. Esta vez anunciando su heroisismo electoral con una autoproclamada candidatura presidencial para el 2007. A caballo de una nueva denuncia o, mejor, de un nuevo fárrago verbal donde los hechos se desdibujan de las opiniones, vuelve con su conocido deseo imaginario: el de una nueva catásfrofe institucional como la del 2001. El supuesto de su razonamiento es, por momentos, aterrador: ella dice, "si acá se viene todo abajo, voy a estar yo y quienes yo señale (Lopez Murphy)." Por eso, en su articulación discursiva, el foco está puesto en hacer posible la profecia. Tiene derecho a hacerlo (como ya lo hizo antes). Pero no deja de ser una canallada teórica, un infantilismo político y una muestra más de inmadurez sobre sus posibilidades de dirigir la Argentina de estos tiempos. Podría hacerle un servicio importante a la democracia argentina si revisara su republicanismo mesiánico.
Alejandro Herrera
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