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alejandro herrera :-)

Cuadro político.

A veces los liberales me causan extrañeza. En el programa de tv Fuego Cruzado (edición de ayer, por América), Marcelo Longobardi le preguntó a Leuco qué era un cuadro político, a raíz de la persistente calificación que recibe en ese concepto la senadora Cristina Fernandez. La pregunta fue con sorna, porque para él un cuadro es algo que se cuelga en la pared. Alguna clase de liberales tienen la particularidad de moverse con un sistema de ideas bastante restringido. Eso hace que se le escapen datos, situaciones, conceptos de la historia, que bien podrían conocer para, al menos, oponer argumentos. La idea de cuadro político pertenece al universo de la teoría marxista, más específicamente a Lenin. En su teoría de la revolución, Lenin consideraba que debía existir un partido de cuadros en condiciones de ejercer el liderazgo de las masas. Los cuadros políticos no eran más que líderes poseedores de un sustrato ideológico común y con las habilidades necesarias para cumplir cualquier responsabilidad política que implicara las circunstancias. Cuando se habla de cuadro político en rigor se debería a hacer referencia a las aptitudes básicas para cumplir diferentes roles funcionales.

Alejandro Herrera

El 25 de la gobernabilidad.

El Presidente armó su plaza. Fue legítimo? Claro que sí. Pero que quiero decir con legítimo? La legitimidad es un concepto que se introduce en la teoría social de la mano de Weber. Se propone comprender los procesos por los cuales el cuadro de poder (carismático, racional, tradicional) activa una serie de mecanismos que permiten despertar creencia social en la validez de sus mandatos y orientaciones. Ampliando la pregunta, es legítimo que un Presidente convoque a una plaza? No solo es legítimo, diría que es necesario hacerlo en algún momento de su proceso presidencial. Por qué? Porque el problema de la legitimidad de la gestión está intimamente relacionado con la gobernabilidad. Los gobiernos democráticos de América Latina deben gestionar la gobernabilidad a partir del desafío de encontrar respuestas legítimas a las tensiones y dinámicas que presentan sus complejas realidades sociales. Los gobiernos nacen atravesados por fuertes tensiones, que hacen necesario, desde sus maximos niveles -léase, en Argentina, el Presidente-, mantener la mirada alta sobre las posibilidades de maniobra en cada situación de coyuntura y la contribución que las decisiones que se adoptan realicen a la confianza social sobre las bases de la gobernabilidad. Y, en esta perspectiva, la pregunta conclusiva es bastante simple: por qué un Presidente que está en condiciones de reforzar sus bases de gobernabilidad se privará de hacerlo? Si alguien encuentra argumentos contrarios -es decir, teniendo condiciones, se priva de hacerlo-, Maquiavelo se equivocó y la teoría política y social deberá volver a empezar.

Alejandro Herrera 

La teoría del exceso de poder.

Probablemente las críticas a las opiniones políticas de Elisa Carrió serán temas recurrentes en este blog. Por qué?. Quiero dar una serie de razones ideológicas. Una de mis preocupaciones políticas centrales es si el sistema ideológico de la Argentina podrá decantarse al punto de observar con claridad las fronteras entre las ideas de izquierda y las ideas de derecha. Las democracias avanzadas del mundo tienen este problema resuelto. El sistema político institucional se expresa con bastante claridad en líneas de pensamiento de largo plazo que colocan a unos y a otros, en sus lugares y sin confusiones. La paradoja de la Argentina es que siendo un país de fuerte influencia ideológica europea -tanto en las ideas de izquierda como de derecha- el sistema político institucional no se traduce en un mapa nítido. Con excepción de los extremos (que poco contribuyen a la democracia y por eso los dejo de lado en el análisis), las ideas de izquierda y de derecha conviven en estructuras políticas tradicionales (bajo de la forma de nucleos generacionales de ciertas experiencias históricas, como el caso de Montoneros en el peronismo o la Coordinadora en el radicalismo) o nuevas que hacen dificil su identificación a primera vista. Para los que estamos en el campo de las ideas de izquierda (insisto, dejo afuera el extremo: la izquierda determinista y darwiniana del tipo Partido Obrero, por ejemplo), la tarea de observar las posturas de derecha se presenta relativamente sencilla. Pero a la hora de colocarlas en una explicación, esa tarea se complica. Por qué? Porque ocurre el fenómeno que algunas de esas ideas se enuncian desde imágenes de izquierda. De ello deriva que la tarea analítica, como desafío intelectual permanente de la izquierda, tenga una doble dirección: debe apuntar a explicar y desbaratar las ideas tradicionales de derecha y, a la vez, las que se presentan como novedosas ideas de izquierda, desde un posicionamiento de imagen de izquierda, pero que, en el análisis profundo revelan su estructura ideológica de derecha. Sobre el primer punto -la construcción de las ideas de derecha en el mapa ideológico del país- dedicaré otro post más adelante. Dedicaré atención al segundo caso, que es donde cuadra el fenómeno del discurso de Elisa Carrió. La pregunta salta a la vista: tiene la doctora Carrió una estrutura ideológica de izquierda? No. Veamos por qué. En primer lugar, por el irrealismo antojadizo del diagnóstico de la realidad polìtica actual. La doctora Carrió asevera que existe un proceso de riesgo institucional severo en el proceso de gobernabilidad al que llama, por cierto creativamente, "exceso de poder". Sin embargo, no va más allá de una acusación política formal. No llega a demostrar en qué consiste el riesgo y mucho menos cuáles son los mecanismos que demostrarían su existencia (dicho sea de paso, la gestión de los fondos de obras públicas, más que contribuir al riesgo institucional, en términos sistémicos, reforzaría lo contrario). Esto cobra relevancia si lo conectamos con nuestra línea de razonamiento general. En la historia de las ideas de izquierda (democracia radical; socialismo; anarquismo, etc.), el eje de las luchas sociales, estrategias y liderazgos, tanto políticos, sociales como teóricos, pasó por el deseo, la voluntad y la tenecidad para la construcción de un nuevo poder, de un nuevo orden, un contraorden. La Revolución Francesa, la Revolución Rusa, como procesos sociológicos, no fueron respuestas a excesos de poder (aunque alguien poco informado se incline a creerlo porque tiene la imagen equivocada de un rey despótico o un zar despreocupado). Se trataron de respuestas constructivas de amplias  bases de un nuevo poder. En términos de la teoría política que se preocupa por la clarificación de las ideas de izquierda (o al menos, de su debate), la diferencia es sustancial. Por qué? Porque esperar el exceso de poder como condición de la acción política -éste es el supuesto de fondo de la hipótesis de alianza electoral de la doctora Carrió- coloca en una situación de impotencia para una construcción sobre el aqui, el ahora y el mañana. Esperar que el otro se exceda para ser yo, es darle al otro un poder que, como resulta de la lógica, es delegado (o resignado) por mí. Se trata de una ilusión, una metafísica de la política. Marx advertía que uno de los errores de Hegel había sido el de fundir lo concreto pensado con lo concreto real. La operación teórica de Marx de separar lo concreto pensado de lo concreto real, abre un panorama nuevo en la filosofía política alemana. El problema de la doctora Carrió (uno de ellos) sobre el punto -su teoría del exceso de poder- es el de la ilusión teórica hegeliana. Una ilusión que se aparta del realismo de modo deliberado -o mejor, es una construcción ideológica- y que conlleva una aspiración de manipulación. Qué efecto teórico produce esta forma de razonar? El de la creeencia de estar frente a una idea de izquierda. Volveré sobre esta cuestión en otros post.

Alejandro Herrera

Mentalismo político.

Elisa Carrió volvió con su remanido mentalismo político. Esta vez anunciando su heroisismo electoral con una autoproclamada candidatura presidencial para el 2007. A caballo de una nueva denuncia o, mejor, de un nuevo fárrago verbal donde los hechos se desdibujan de las opiniones, vuelve con su conocido deseo imaginario: el de una nueva catásfrofe institucional como la del 2001. El supuesto de su razonamiento es, por momentos, aterrador: ella dice, "si acá se viene todo abajo, voy a estar yo y quienes yo señale (Lopez Murphy)." Por eso, en su articulación discursiva, el foco está puesto en hacer posible la profecia. Tiene derecho a hacerlo (como ya lo hizo antes). Pero no deja de ser una canallada teórica, un infantilismo político y una muestra más de inmadurez sobre sus posibilidades de dirigir la Argentina de estos tiempos. Podría hacerle un servicio importante a la democracia argentina si revisara su republicanismo mesiánico.

Alejandro Herrera